viernes, 22 de enero de 2010

Nezahualcóyotl

Aunque a Nezahualcóyotl creo que se le debe de conocer más por ser "gobernador", por decirlo de algún modo, que por su poesía y, aunque traducida es la única manera que tenemos de leerla y, aunque nuestros esquemas culturales y literarios solo nos permitan ver las cosas desde pocos puntos de vista, no por eso no vamos a leerlo.

Es momento de colgar poesía del otro lado del charco.

Percibo lo secreto, lo oculto:
[...]
Como una pintura
nos iremos borrando,
como una flor
nos iremos secando
aquí sobre la tierra.


En verdad viven,
allá en donde de algún modo se existe.
[...]
Ya no estás aquí, ya no,
en la región donde de algún modo se existe.

Nezahualcóyotl

lunes, 4 de enero de 2010

Camilo Aguilar

Este iba a ser un blog de un solo cuento, pero ante la petición de un seguidor de que lo siga, voy a subir el siguiente empiece de historia. No es un cuento, más parece un primer capítulo de una historia, aunque todavía no existe como tal.

Para Julio, que se que la va a leer el primero.


Camilo Aguilar era un hombre servicial. Modesto, sincero y apuesto. Siempre llevaba una corbata hortera que le colgaba alegre por la camisa, a veces celeste, a veces negra. Su distracción favorita era montar maquetas de tren en su casa todas las tardes. Trabajaba de mañana, iba a comer a su casa con su amigo Morrell (de nombre Darío, aunque hasta su padre lo llamaba por el apellido) con quien hacía ya años que vivía, tomaban un café espumoso y calentito juntos y el uno se iba a la habitación de las maquetas a montar su ferrocarril y el otro se marchaba a pasear y a hacer fotografías.

Los últimos días hacía frío en Barcelona. Había estado tres días seguidos lloviendo una suave y leve brizna de gotitas, en algún momento con fuerza puñetera, golpeando paraguas y chubasqueros. En esta ciudad, al menos en el barrio donde vivían Camilo y Morrell, la gente no solía llevar chubasquero; si alguien mira desde un satélite verá que, los días de lluvia, Barcelona es como una disposición de chapas de mil colores sin orden aparente, aunque siempre hay unos colores que se repiten: el negro y el azul. Los colores chillones como el rosa, el naranja, el azul claro o el verde fosforito solo se ven en niños o en adultos aniñados (ser un adulto aniñado es más bueno que malo en estos tiempos que corren). Pero bueno, ahora ¡hasta los niños llevan esos inmensos paraguas negros negros!

La humedad entraba por las bisagras para dar ese aspecto de frialdad al piso que no había manera de exterminar. El último ferrocarril del Camilo, al que yo admiro tanto, se empapa de ese ambiente de aire displicente y de desafecto. Creo que es un ferrocarril atmosférico, no lo sé muy bien, yo nunca he entendido de ferrocarriles. Él sí que sabe bastante, porque ha hecho maquetas hasta del primer ferrocarril de la península, el que en 1848 unió Barcelona con Mataró. Seguro que fue impresionante un descubrimiento así. Ahora se innova en muchísimos campos y parece que nosotros estemos ajenos a ello: nos compramos reproductores de música y ordenadores cada vez mejores, pero no solemos tener en cuenta el logro (o desventaja, todo depende desde donde mires el prisma) que significa en nuestra sociedad.

Aunque en el aire corra esa tibieza como si fuera todo el piso una cascada casi congelada, hay un espíritu en Morrel y Camilo muy inspirador. El fabricador de maquetas de ferrocarril y el fotógrafo siempre charlan en la sobremesa. Hacen dos sobremesas al día, una después de comer, y una después de cenar, aunque en esta interviene la televisión y a veces se pierde un poco el hilo comunicativo. Depende del programa que se vea, ¿la Belén Esteban da mucho para hablar pero un documental de animales es más para disfrutar, no? En su primera sobremesa charlan de qué harán por la tarde: un poco sobre qué pieza le falta a Camilo para su ferrocarril, de qué color lo va pintar, si es una imitación o es una invención propia, si va a hacerlo funcionar sobre una vía o no; o también sobre si Morrell va a conseguir fotografiar decentemente de una vez por todas a la mendiga que pide pelas en la Iglesia sin que esta se levante y le grite, si va a hacer fotos de edificios, si de las esculturas de la plaza Catalunya, si va a andar por el Casco Antiguo o por Pedralbes, si va a coger el tren para buscar lo más bello de un pueblo del Vallés… Por la noche, en cambio, comentan la jugada de la tarde, hablan sobre lo que han hecho, la diferencia entre lo que querían hacer y lo que verdaderamente han hecho.

Los fines de semana son diferentes. El sábado es el día del balance artístico: Morrell le muestra sus fotos a Camilo, Camilo lo halaga y Morrell sonríe; luego Camilo le enseña su ferrocarril a Morrell, Morrell lo halaga y Camilo sonríe. Son su apoyo mutuo: se aconsejan, profundizan en los proyectos del otro, sobremesa tras sobremesa, pero el fin de semana sólo miran, halagan y sonríen.

domingo, 3 de enero de 2010

Extractos de Sor Juana Inés de la Cruz

Litografía de Benito Nogueira

porque es la sal del gusto el ser querida,
que daña lo que falta, y lo que sobra.



Dices que yo te olvido, Celio, y mientes,
en decir que me acuerdo de olvidarte,
pues no hay en mi memoria alguna parte
en que, aun como olvidado, te presentes.

Mis pensamientos son tan diferentes
y en todo tan ajenos de tratarte,
que ni saben ni pueden olvidarte,
ni si te olvidan saben si lo sientes.

Si tú fueras capaz de ser querido,
fueras capaz de olvido; y ya era gloria
al menos la potencia de haber sido.

Mas tan lejos estás de esa victoria,
que aqueste no acordarme no es olvido
sino una negación de la memoria.


Y este no puede separarse de su ficticia respuesta, que tiene la rima hecha con las mismas palabras...:


Dices que no te acuerdas, Clori, y mientes
en decir que te olvidas de olvidarte,
pues das ya en tu memoria alguna parte
en que, por olvidado, me presentes.
Si son tus pensamientos diferentes
de los de Albiro, dejarás tratarte,
pues tú misma pretendes agraviarte
con querer persuadir lo que no sientes.
Niégasme ser capaz de ser querido,
y tú misma concedes esa gloria,
con que en tu contra tu argumento ha sido;
pues si para alcanzar tanta victoria
te acuerdas de olvidarte del olvido,
ya no das negación en tu memoria.




Amor empieza por desasosiego,
solicitud, ardores y desvelos;
crece con riesgos, lances y recelos;
susténtase de llantos y de ruego.

Doctrínanle tibiezas y despego,
conserva el ser entre engañosos velos,
hasta que con agravios o con celos
apaga con sus lágrimas su fuego.

Su principio, su medio y fin es éste:
¿pues por qué, Alcino, sientes el desvío
de Celia, que otro tiempo bien te quiso?

¿Qué razón hay de que dolor te cueste?
Pues no te engañó Amor, Alcino mío,
sino que llegó el término preciso.

En dos partes dividida
tengo el alma en confusión:
una, esclava a la pasión,
y otra, a la razón medida.