sábado, 1 de febrero de 2014

La odisea de los calcetines

(Cuento a Domicilio)


A todos se nos ha perdido alguna vez un calcetín. Es algo casi inevitable. En 23 años de tiempo en este planeta, solo he conocido a una persona que no sufriera la sutil indiferencia de los calcetines. Sutil hasta que el cajón se queda vacío. Aquella persona usaba sandalias, no sé si por el calor o porque se hartó de tanto desamor. Los calcetines desaparecen. Es la única verdad sobre la faz de nuestros ojos. "Pienso, luego los calcetines desaparecen". "Solo sé que los calcetines desaparecen". "La libertad de los calcetines está en ser dueños de la propia vida". "En un lugar de algún sitio, de cuyo nombre no quiere el calcetín acordarse". "There is only one thing in life worse than being talked about, and that is not finding a sock". Etcétera.



Como toda cosa en el mundo, los calcetines tienen su antagonista. Los cepillos de dientes. Se multiplican por doquier. Cría cepillos y te sacarán los dientes. "La enorme multiplicación de los cepillos de dientes, de todas las cosas del baño, es uno de los mayores males de nuestra época". Después del mal de los calcetines. Y es que mejor que sobren (cepillos) que que falten (calcetines). Pero ya se sabe, "Dos veces es belleza la belleza", dijo Neruda en la "Oda a los calcetines", pero ¿dónde está el dos? ¿Dónde está el segundo? ¿Dónde el compañero?

Me extraña que Agatha Christie no haya dedicado al tema de esta prenda de ropa ninguna de sus trescientas cuarenta y cinco mil seiscientas setenta y ocho novelas. Si fuera escritora, sin duda que lo haría. ¿Por qué no llamaría nadie a Hercule Poirot para que viniera a descubrirlo? Por otro lado, debe de ser un buen negocio, este negocio de los calcetines. Todo el mundo compra, compra y compra. Y adiós. Simplemente adiós. Lo cierto es que al menos como pregunta al aire, el hecho de cuestionarse dónde están los calcetines perdidos es muy fructífero y sano, puesto que lleva a plantearse muchísimas hipótesis, que llevan hasta la máxima extravagancia el raciocinio humano.  Por ejemplo: 1) Algo o alguien los está robando. ¿Quizá el primo segundo del Ratoncito Pérez? ¿El Gatito González? ¿Su cuñado? ¿Garfield? ¿El propio Doraemon? ¿El Suneo, como una forma de diluir su envidia y rabia por los demás? 2) Se desintegran en la lavadora (véase 7). 3) Extraterrestres y derivados: raptos y abducciones -alguna vez algún calcetín vuelve- (véanse teorías de la conspiración sobre los calcetines). 4) Se van al cielo. 5) La lavadora los expulsa al desagüe (fuente: "Todo sobre la desaparición de los calcetines: Teoría 1" 6) El par de calcetines no se aviene bien y se separa (pasa entonces lo que en el corto de Juan Medina Gallego "Dónde está mi calcetín"). 7) Complot de la industria textil calcetinera, que tiene un equipo que recupera los calcetines vendidos, los recicla y los revende (¡que viva el reciclaje!). 8) Complot de la industria textil calcetinera (esta vez con no tan buenas intenciones, ehem), que diseña un calcetín en buen estado y otro en mal estado para que el segundo se desintegre y tengamos que acabar comprando un par nuevo, cuando en realidad solo nos hacía falta la pareja del calcetín que nos queda. Pero es que no venden calcetines sueltos iguales que los que teníamos. Quizá haya que empezar a chorar… 

Pero ¿quién lleva razón, al final? Tanta hipótesis… Tanto buscar… Tanto razonar… "Solo el que sabe es libre y más libre el que más sabe”. O sea que el calcetín es más listo que el hambre.


(Continuará... 2ª parte de la odisea de los calcetines el día sábado 8). 

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