sábado, 8 de febrero de 2014

La odisea de los calcetines (II)

(Cuento a Domicilio; 2ª parte de "la odisea de los calcetines")


Soy una persona sensata. No puede ser que desaparezcan tantos calcetines. No puede ser. Tiene que ser una conspiración. O algo más. ¿Quién sabe? Esta noche he bebido más cervezas de la cuenta. Creo que así podré al fin descubrir el gran misterio. Vamos a ver. Yo voy, compro dos calcetines iguales, un par de bellísimos calcetines idénticos. Los uso, los sudo, los asqueo. Me los saco, es muy tarde y los meto en el cesto. Vamos a ver qué es exactamente lo que pasa. Yo soy una persona sensata. Del cesto a la lavadora, bien, yo estoy vaciando el cesto en la lavadora. La enchego. Bien, racatacá, ratacatá, la lavadora da vueltas, como la literatura, que es una lavadora y también da vueltas. Pam pam pam. ¿Es en esta fase en la que desaparecen los calcetines? Parece que no, aquí aún siguen. Hago guardia, en una silla de tijera, de estas plegables que sirven para llevarlas a todos lados. Te estoy vigilando, lavadora de tres al cuarto. Bien, saco el calcetín, digo, la ropa entera, tampoco nos vamos a volver locos. La meto en el cesto de tender, tiendo la ropa. ¡Oh no! Me estoy despistando, ¿cuáles eran los calcetines que yo quería observar? Me siento como un antropólogo de calcetines. Vale, vamos a tender. Ahora se pone a llover, tiendo allí, tiendo allá. Vale, han pasado horas. Destiendo la ropa. La cuerda de tender está alta. Me siento bajita con este metro y medio de altura que Dios me ha dado. Así me estiro más, buena gimnasia esta la de ser ama de casa. Los meto en el cesto del secado. Bien, todo bien, ¿siguen aquí mis calcetines? ¿Dónde están? No os ilusionéis; no se me cae la ropa abajo, yo vivo en el entresuelo (primero en otros barrios y países, aquí lo llamamos entresuelo y sanseacabó). Bien, todo destendido, vamos a doblar la ropa. ¿Calcetines? ¿Solo calcetines solitarios? ¡Solo calcetines solitarios, desemparejados, desamparados, sois unos marginados! ¡Qué manía la vuestra de perderos por allí! Allí van, para el cajón. No, esto es irremediable… ¿Desintegrados? Eran antideslizantes, bellos, de colores, mis suaves calcetines de terciopelo caros… ¿Cuándo fue que se perdieron? En realidad solo me hacía falta la pareja del calcetín que nos queda. Pero es que no venden calcetines sueltos iguales que los que teníamos. Quizá haya que empezar a chorar…  ¡No! Que empiecen a venderlos de tres en tres, ¡se acabaron los pares, tríos de calcetines! Solución radical. Tanta hipótesis… Tanto buscar… Tanto razonar… "Solo el que sabe es libre y más libre el que más sabe”. O sea que el calcetín es más listo que el hambre. Y yo me voy a comprar unas buenas sandalias.


1 comentario :

  1. ¿Es que soy el único en este mundo que me alegro de que ese calcetín sea al fin libre? [...]
    Lo peor y lo mejor de todo es que llegará la hora que ese calcetín se dé cuenta de su verdadero destino.
    Inexorablemente volverá a tu cajón, para ya no proteger tus pies sino esperando impacientemente aprisionar tus pies. Esa será su venganza y yo estaré con él protegiéndole.
    - Zapato olvidado en el cajón inaccesible.

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