jueves, 16 de enero de 2014

Corazón hacia Nepal (I)


Corazón hacia Nepal (I)

Los viajes empiezan siempre antes de emprenderlos. Se inician siempre con una idea, es más, a veces solo con el germen de una idea, que va prosperando hasta hacerse eco en nuestros discursos cotidianos, más marginales, primero; principales, después. Un poco como el resto de proyectos. Uno o una empieza a decir en voz alta que le gustaría ir allá y acullá, que desearía marcharse, aunque no sabe exactamente a qué ni por qué ni qué día va a partir, y poco a poco lo dice más veces, de maneras más diversas y la idea irradia a más personas.

Hay quien inicia muchos viajes de esta manera, pero nunca emprende ni termina con ninguno y la idea acaba quedándose como una yaciente quimera o se acaba diluyendo entre la prisa del día a día y un especial acomodamiento a la vida que se tiene. Pero a veces, cuando menos te lo esperas, ya sea por el miedo de quedarse parado, la insatisfacción de la vida que llevas en el país o porque se lo has dicho a tanta gente que ahora hay que quedar bien, adviertes que la idea ha calado hondo en la cabeza y que ya no hay vuelta atrás. Algunas veces, pues, el germen acaba pegando una sacudida que terminas en Nepal 3 meses.

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