sábado, 18 de enero de 2014

Cómo modificar la realidad cambiando solo una palabra

(Cuento a domicilio)

A Salva y mis pasiones,

Tengo un compañero que ha descubierto el placer de modificar la realidad cambiando únicamente una sola palabra. Me voy a explicar con un ejemplo para no sonar abstracta. Cuando alguien le dice, “oye, lo siento mucho, esto es culpa mía”, mi compañero y colega le responde “no, esto es gracias a ti”, o sea, gracias a ti y no por tu culpa. Así, cuando esto sucede, en la cabeza del antes culpable se modifica el tipo de conexión causal entre los hechos verbalizados: ya no es por la culpa de, sino por la gracia de. Por ejemplo, en “has llegado tarde por mi culpa”, la causa es “por mi culpa” y el efecto “has llegado tarde” y “yo” he hecho que se produzca la consecuencia de que tú hayas llegado tarde. De forma análoga, en “has llegado tarde gracias a mí”, la causa es “gracias a mí” y el efecto sigue siendo “has llegado tarde”. En este caso, igual que en el anterior, también “yo” he causado que llegues tarde. La relación causal en sí misma permanece inmutable, en los dos casos “has llegado tarde” y punto. Lo que se modifica es un cierto tipo de modalidad de la conexión causal.  Sigue, pues, habiendo relación causal, por supuesto que la hay, pero cambia la orientación favorable/perjudicial de la relación entre los dos hechos.

Esto tiene también, a la fuerza, en la vida de a pie, unas consecuencias emocionales y sentimentales, en el sentido de que se gesta una suave sensación de satisfacción cuando mi compañero, colega y amigo te dice que él no llega tarde por tu culpa, sino gracias a ti. Procesar el cambio apenas cuesta nada (es una forma de hablar, porque dentro de la cabeza pasan miles de cosas) y sin embargo cambia el paradigma y las sensaciones. Una ligera emoción recorre el cuerpo de a quien le cambian su opinión por una que es muchísimo mejor, si es que uno se deja… porque hay gente dura de roer con sus convicciones. Teníamos una causa culpable y, gracias al Verbo y a su lengua, morros, labios, dientes, aparato fonador en general, conexiones neuronales en las que no entramos y etcétera etcétera, gracias a todo esto, digo, la causa se convierte en favorable, en fantástica, en ideal. De ser la causa culpable, ha pasado a ser ahora el causante favorable de una acción que ahora se entiende como positiva. No solo cambia la expresión de las cosas, no solo cambia la manera de esa relación causal, ni no solo se da un procesamiento mental y una comunicación entre dos seres que pertenecen a un grupo étnico en concreto, sino que parece que la realidad, al menos la única realidad a la que podemos acceder, se transforma también.
Hasta aquí fantásticas las cosas. Pero no quiero implicar con ello que debamos disponernos a cambiar el mundo con nuestras palabras (para esto ya está la programación neurolingüística). Al menos no de este modo. Pero en fin, esto cada cual piense lo que quisiere, haga lo que quisiere. Pero yo, aquí y ahora, no me aventuro a decir que es tan fácil sin haber indagado profundamente en las complejísimas relaciones entre nuestra lengua y lenguaje, nuestro cerebro y mente y nuestra cultura (3 elementos de una bellísima pirámide en 2 dimensiones ―a la que no quiero llamar triángulo― que explica muchas cosas y cuyos vértices son: lingüística, psicología cognitiva y antropología cultural y cognitiva. Tampoco es este el tema que merece mi atención en este preciso momento.

Lo que sí quiero exponer, en cambio, es que estas cosas pasan. Sencillamente, pasan. Pasan sencillamente. Ignoro si quien confunde (sí, esto sucede) “por culpa de” con “gracias a” realmente lo hace porque los consideran totalmente intercambiables o porque no prestan atención cuando trabajan (“trabajar” en el sentido amplísimo de la palabra), no lo sé y no me quiero meter con nadie. En cualquier caso, lo que yo quiero decir, lo que a mí me importa más en el mundo ahora, es que existe alguien en el mundo, este compañero, colega, amigo y aliado mío, que es capaz de cambiar realidades con su boca y su cabeza (y etcétera y etcétera —no hacemos una lista tampoco ahora porque nos pueden dar las 6 de la mañana―). No sé si es muy agraciada la expresión “modificar la realidad”, espero que sí, aunque no sé si sería mejor haber dicho “moldearla”, “crearla”, “pensarla”, “hacerla”, “transmutarla”. Intuyo que me he explicado más o menos bien.

Lo mejor de todo esto, que el mecanismo no se olvida. Gracias a él, o por su culpa, dispongo de un dispositivo virtual capaz de alterar lo malo, capaz de hacerlo mutar a lo bueno. Que las cosas suceden porque suceden primero otras cosas es algo que sabemos o que creemos saber, pero hay cosas que yo antes no sabía y ahora tengo muy claras. Por ejemplo, el lunes pasado no fui a trabajar no por culpa de que no sonó el despertador, sino gracias a que no sonó. Hoy jueves, que ya estoy de vacaciones, me he levantado a las 7 de la mañana por culpa de que alguien olvidó apagar la alarma del despertador anoche y, gracias a que alguien olvidó desactivarlo, he ido en bicicleta por unos barrios enigmáticos y bellísimos de Barcelona a las 8 de la mañana. Hay muchísimas cosas que no sabía  que pasarían esta semana o lo que llevamos de esta. Y pasaron. Tampoco sabía que tendría la suerte de acordarme, gracias a o por culpa de mi memoria y de este regalo-mecanismo-dispositivo mágico, de cómo girar las cosas.
Si lo piensas, no es un mal regalo de cumpleaños o de año nuevo. Lástima que no se puedan (dicen) regalar las cosas prestadas, que si no… que si no lo estaría envolviendo para regalo a troche y moche a las personas más fantásticas de este planeta. Y a las menos fantásticas también. Un magnífico y elocuente obsequio para pesimistas, melancólicos y mustias cabezas caminantes. Aunque yo me he llevado esta maravillosa dádiva, quizá él, mi compañero, colega, amigo, aliado y amante mío, se lleva el mejor galardón. A fin de cuentas, él se lo inventó y él es el único que maneja a esta yegua boba que a veces está enfurecida (me refiero al mecanismo de modificar la realidad, no a mí misma, que también). Y la llamo yegua enfurecida porque se puede girar en contra de ti y te puede hacer cabalgar por los renglones más abstractos del planeta y por los precipicios más vertiginosos. Llevad cuidado. Él se lleva el mejor premio, por su gran perspicacia y su gran control, porque de veras tiene el poder de convertirse siempre a sí mismo en un “gracias a mí y no por culpa mía”. Esto no lo va a dejar nunca solo y cuando esté en compañía le hará ganar casi todas las discusiones (al menos, todas las que no sigan con un “siempre dices lo mismo”), sobre todo aquellas reyertas verbales que están hechas para tener la razón pero que benefician la vida psíquica del otro y la propia en la medida en la que la felicidad del otro es parte de la tuya. Con este mecanismo, con unos pequeños dotes de argumentación y con unas buenas botas se puede llegar al fin del mundo, al centro mismo de la vida, adentro del universo.


Posiblemente, el regalo no sea solo para mí, que dispongo ahora de un anclaje con el mundo que me girará siempre las mareas hacia donde me  plazca. Posiblemente, tampoco sea exclusivamente para mi compañero, colega, amigo, aliado, amante y pareja mía. Quizá el premio sea nuestro, tanto mío como de mi compañero de rutinas, colega de mis introspecciones, amigo de nuestros hombros, aliado de los dos, amante de mis deseos y pareja de mis virtudes. Quizá el premio sea nuestro, ahora ya de los dos, ahora que compartimos estas gafas humanas con las que  deconstruir y enderrocar, estas gafas a veces un poco más limpias y a veces un poco más sucias. (Falta una frase final, elocuente y definitoria, que dejo a tu cargo).


3 comentarios :

  1. Yo y mi compañero 1, Noam Chomsky 0.

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  2. La frase final podría ser que gracias a ti me siento culpable de casi cualquier cosa, o, lo que es lo mismo, que por mi/tu culpa cualquier cosa es posible sin dar las gracias a nadie en particular, lo que elevaría enormemente las responsabilidades de la historia de nuestros agitados días, volviéndola una opereta barata sin protagonistas.

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  3. Seria una buena frase final, asi que como posible colofon, ahi tenemos tu frase. Que cada cual cree la que quiera :).
    (Perdon por los acentos, pero no tengo acentos en el teclado desde el que escribo).

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