sábado, 11 de enero de 2014

Augusto Monterroso y "Movimiento perpetuo" (1972)

Muchos conocen a Augusto Monterroso porque es considerado el escritor que ideó el microrrelato más breve de la literatura hispanoamericana y, lamentablemente, tiene la fama de ser el más breve escrito en español. Respecto a esta fama, valga decir que, por un lado, hay quien señala que eso es falso por el Lo maté porque era de Vinaroz de Max Aub y otras cosas que pueden rastrearse; por el otro, circulan algunos competidores actuales que lo desbancan, como El emigrante, del mexicano Luis Felipe Lomelí —por cierto que esto fue noticia un día de 2005—). En fin, el microrrelato de Monterroso, titulado El dinosaurio, publicado en 1959, dentro de su primera obra, Obras completas (y otros cuentos), dice así:  

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.

Cualquier resumen del cuento será más largo que el propio cuento.
De hecho, si se le aplica una herramienta de resumen automático, es fácil que se quede en nada o que solo nos dé el título “Resumen”. Por otra parte, es curioso que hasta haya una pregunta en Yahoo respuestas pidiendo un resumen del cuento (por cierto, que la mejor respuesta elegida en el foro es “lo empecé hace un mes pero todavía no termino de leerlo”). Yo apenas lo he intentado, es como la idea de que con una gota de Fairy basta y que con cualquier otro lavaplatos hace falta usar media botella. Infinitud de escritores, lectores, literatos, etc. etc. han jugado a analizar el cuento que tiene la fama de ser el más corto de la historia de la literatura española.

Antes de que la prisa invadiera nuestras vidas por doquier, ya existía el cuento condensado. Y yo me pregunto, en vez de rastrear el pasado literario: ¿llegaremos a escribir cuentos de una sola letra, de un solo sonido y al final hasta un aullido? (esto me recordó al final del canto VII de Altazor de Vicente Huidobro, quizá solo a sus últimas sílabas, si es que llegan a serlo).


Pero en realidad, de lo que yo quería hablar es de Movimiento perpetuo, que se publicó en 1972
y que constituye la tercera obra de la trayectoria del escritor hondureño. Tiene el pecado de ser también una gota de Fairy, porque ha dejado mi fregadera mental llena de espuma y platos demasiado limpios, aunque no los vea por ninguna parte. Ahora que lo ando releyendo desde el final hasta el principio, con la finalidad de poder decir que lo he leído del todo, me doy cuenta de que lo que me ha gustado es ese bajar a la tierra el honor tan discutible de ser un escritor, sobre todo del escritor de brevedades (en La brevedad, por ejemplo) y ese cachondearse sin miedo (Estatura y poesía, por ejemplo) por parte un escritor que afirma que El humorismo es el realismo llevado a sus últimas consecuencias (Humorismo). Me ha encandilado, además, que a veces sus escritos, básicamente ensayísticos, lleguen a rozar el comentario (como A lo mejor sí), y que a veces incluso no terminen ni en punto final (Navidad. Año Nuevo. Lo que sea, por ejemplo). Me ha ilusionado, aunque no es nada nuevo después de leer Cortázar, la idea de antología-libro que esta obra es, esa combinación de lo que es propio y de lo que es de los demás, aunque esté bien diferenciado qué es de quién y quién es de qué. No diré nada de los palíndromos de Onís es asesino, ni de Las criadas, ni de que las citas que recoge tienen que ver con las moscas, aunque todo el mundo sabe que al decir que no lo diré ya lo estoy diciendo.



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