lunes, 13 de enero de 2014

4kms de intensidad


Aiguamolls del Empordà

Aiguamolls del Empordà

Playa de Can Comes


     Playa de Empuriabrava (noviembre 2013)
Hace dos meses tuve una de las mejores semanas de los últimos años. De mi vida, en realidad. Estuve con mi pareja una semana en Empuriabrava en pleno noviembre. No hace falta que diga que es un pueblo espectacular, la pequeña Venecia catalana, por sus numerosos canales y uno de los lugares más visitados de España para hacer paracaidismo.

En uno de los primeros días, hicimos una excursión en el Parque Natural dels Aiguamolls del Empordà (Parque Natural de las Marismas del Ampurdán), conocido por su especial atractivo y por acoger un gran número de especies de aves migratorias. Lo que más me impresionó fue lo que vivimos en la playa de Can Comes, que forma parte de estos humedales impresionantes y que acabo explicando al final.

Emprendimos la excursión por la mañana, con la intención de dar solo un paseo hasta antes de comer. Pero como siempre, se nos subió el Santo al cielo y a las 3 de la tarde estábamos en el centro del parque sin haber comido nada y sin llevar comida con nosotros.

 Vista desde observatorio de aves
Observatorio de aves    
Vista desde observatorio de aves
Llovía a cántaros y no dejó de llover ni un solo minuto. Chino chano (o sea andando pim pam) desde Empuriabrava hasta atravesar el río La Muga por un puente, entrando así al parque. Al principio solo llovía, nos metíamos en cada uno de los observatorios de pájaros dispensados en la zona, a escuchar las aves sin apenas saber distinguir entre los distintos cantos y caminábamos por caminos de tierra, siguiendo la marcha. Por algún motivo extraño no podemos evitar meternos dentro de cada uno de los observatorios que íbamos encontrando, quizá por la lluvia, aunque las casetas se mojaban por dentro; quizá y seguramente porque las vistas eran magníficas. 

Observatorio de aves

No vimos a ninguna persona hasta al cabo de tres o cuatro horas, y solo la vimos a treinta metros de distancia. Empezamos haciendo un itinerario por los estanques del parque (estanque Europa, etc.), en la parte que está más al sur en un mapa (mirando desde el mar Empuriabrava sería la parte de la izquierda), que dicen que es muchísimo más bella que la otra parte. La vegetación en noviembre, un día de lluvia en que los troncos se vuelven verdes y parece todo sacado de una película al más estilo surrealista, encandila a cualquiera.





Andar, andar, andar y andar por los caminos de tierra. Hasta que estos se van terminando y los caminos cada vez tienen charcos más grandes y hay que hacer pasos más grandes y cada vez más agua y más y más, y al final todo el camino es agua y hay que elegir entre pasar con las bambas (deportivas) por el agua o meter el pie en el barro de los laterales para poder pasar (hay fotos, próximamente).
Vista desde observatorio de aves




Vista desde observatorio de aves


Vista desde observatorio de aves

Vista desde observatorio de aves

Poco a poco nos fuimos mojando los pies, los tobillos. Al principio es solo la parte de delante de un calcetín, pero luego la cosa va subiendo. Al final aprendes que todo depende de tu punto de referencia. A las 3 de la tarde, con el hambre empezando a apremiar, llegamos a El Cortalet, donde nos atendió un hombre estupendamente majo que nos indicó el sinfín de rutas que se pueden hacer y las posibilidades que teníamos a partir de allí. 1) Se ofrecía a que alguno de sus compañeros que trabajan en el parque nos llevasen a Castelló d'Empúries en coche, para luego ir andando desde Castelló hasta el centro de Empuriabrava. 2) La segunda no me acuerdo. 3) Seguir andando por la ruta que llevábamos, llegar hasta la Torre de Observación, viendo dos o tres observatorios de pájaros más, bajar hasta la playa, la playa de Can Comes, atravesarla andando (pertenece als Aiguamolls y los recorre a lo largo) hasta llegar al río Fluvià y, según este hombre, atravesar el río (aunque nos mojaríamos un poco, pero con los brazos hacia arriba).
Decidimos la 3ª posibilidad, ir a esa playa que es, según el hombre del Cortalet, como el final de El planeta de los Simios, pero con nuestra propia manera de hacer las cosas: sin cruzar el río, llegar a él e ir andando siguiéndolo hasta llegar al puente del que habíamos partido. Lo hicimos así, llegamos a la Torre de Observación Sennilosa, una torre de observación de 22 metros de altura, que antes era usada para alguna de las fases del arroz y que luego se adaptó para observar casi todas las montañas de Cataluña y más porque no hay. Como mínimo impresionante, el viento corriendo loco, las montañas tan quietas, el silencio, ni una persona (2 en todo el día) y ya daba igual la hora que fuese.
Zona de la Torre de Observación Sennilosa



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