sábado, 21 de abril de 2012

Avión de despedida


(CUENTO A DOMICILIO)

Avión de despedida

Cuando subí a aquel avión, dejé atrás todo lo que debía dejar. No me iba muy lejos, ni por mucho tiempo, pero sabía que estaba dejando en mi ciudad una parte de mí que no podría encontrar más adelante. Dejé subyacente en las paredes de Barcelona más de lo que querría haber dejado. Dejé tu nombre arrinconado en una parada de metro esperando nuestro primer beso. Dejé tu pelo, tus ojos verdes, tus largos dedos. Dejé  el miedo a perderte, porque ya no quería tenerte más. Abandoné también sin saberlo mi capacidad de amar como lo había hecho hasta entonces. «No he amado nunca de verdad», pensaba. Quizás simplemente había amado tanto que ni siquiera podía llegar a saberlo; quizás solo me había amado a mí misma y tus ojos eran el único modo de proyectar todo el amor que le debía al mundo. Me dejé, entre mochilas y controles de seguridad, todo el amor que había ofrecido para acabar proveyéndome a mí misma todo el calor que necesitaba, todo el ardor que podían abastecer estas lágrimas fecundas. He deseado miles de veces arroparte de nuevo, pero con solo imaginarlo siento un espantoso escalofrío. Estoy empezando a olvidar a borbotones recuerdos del futuro en los que tú eras el protagonista. Te estás difuminando en mi memoria, te estás convirtiendo en el amigo que se vuelve invisible por haber estado demasiado tiempo ahí. O demasiado poco. Solo puedo recrearte. Quisiera tenerte siempre, lejos, sin renunciar a tu recuerdo, sin renunciar a mi presente y a mi futuro. Quisiera que nunca me olvidaras, que me amases para siempre, como dicen en las películas, pero que me amases no con la simplicidad con la que lo habías podido hacer hasta entonces, sino del modo nuevo que te ha de hacer permanecer receloso entre el público de una carrera de caballos, invisible y mudo, durante más de treinta semanas. No hay otra manera de amarnos. Prometo no olvidar el día en que decidí que no habías de existir en mi vida desde aquel momento en adelante. Cerrando los ojos, todo se vuelve negro, vacío, y desapareces. Y tus ojos incandescentes flotan en una vorágine de vanidades reclamando el lugar que les estaba destinado. Pero no había destino para tus ojos si son verdes y pecosos. No hay otra manera de estar juntos si no estando siempre lejos.



1 comentario :

  1. He dejado un detalle para ti en mi blog… puedes pasar a recogerlo si lo deseas.

    Un abrazo.

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