sábado, 12 de noviembre de 2011

“A veces no hace falta buscar nada, con sentir que estoy en la dirección correcta me basta”



(CUENTO A DOMICILIO, aunque no lo es bien bien.)

(Medio-ficción)
A Migui:
(Por reclamación)



“A veces no hace falta buscar nada, con sentir que estoy en la dirección correcta me basta”
El otro día, tomando algo en un bar, me dijo una amiga que había oído una frase que le había gustado. A mí me encantó también. Decía algo así como “La vida es lo que te pasa cuando estás planeando otras cosas”. Más razón imposible. La tecleé en Google para ver la formulación exacta. Se ve que es de John Lennon. Pero vamos, en realidad no viene al caso. Me recordó, en parte, a una frase de Edgar Jackson, que dice así: “Lo importante no es lo que la vida te hace, sino lo que tú haces con lo que la vida te hace”. Me pareció que la de John Lennon enlazaba a la perfección con la de Jackson. Tan potentes eran las dos frases juntas y conectadas que su unión me recordó a otra cita, esta vez de Quevedo. Sin embargo, no pude recordarla, tan solo adivinar, entre tejidos muy envolventes, la idea, que básicamente era muy similar a la de Edgar Jackson. De este Edgar Jackson no encontré nada en Google, habré de probar en bibliotecas, porque lo único que encontré en Internet es que es el autor de esa frase. Nada más. A saber. Con todas estas ideas básicas en la cabeza recordé otra frase y pensé que podría adherirla o enlazarla de algún modo al Cuento a Domicilioanterior. Sin embargo, a pesar de acabar de haberlo modificado, decidí dejarlo intacto, porque consideré injusto incluir la frase allí, a troche y moche, en el texto, sin venir acaso a cuento. Consideré que inserirla a lo tonto en ese Pseudo-cuento hubiese sido inútil en relación con los propósitos de este y de la frase en sí misma, aunque esta estuviese muy relacionada con “el no buscar nada” y con “el estar en la dirección correcta”. Consideré que la frase merecía estos párrafos. No obstante, cuando me puse a escribir sobre ella, en ese momento, me quedé en blanco, apenas escribí este párrafo, porque de tanto que me sugería no sabía si recrear un Cuento, un Pseudo-Cuento de los que voy por aquí subiendo o una entrada de blog general a modo de disquisición. Entendí que al ser el caso último, no satisfaría el pedido que se me había hecho en relación con la frase. Pero me importó un pito.

Al pasar los días, sin embargo, dejó de importarme un pito y decidí mostrar interés en ello y hacer una buena transformación literaria. Pensé que todos sentimos muchísimas veces que no estamos en la dirección correcta y que, por ello, nos pasamos la vida buscando millones de cosas que, por no estar en la dirección correcta, no logramos encontrar. El enfoque era quizás la búsqueda. «¿Qué es lo que tenemos que buscar tanto? Y, en caso de existir, ¿dónde está? ¿Buscar qué, si lo único que tengo que hacer es labrar la tierra para que aparezca por sí solo?»
Pasaron semanas. Seguía sin importarme un pito, pero mi cerebro había dejado de metabolizar la idea. No sé por qué, pero empecé a asociar la cita con un caracol. Siempre en su discurso mudo, lento, sabiendo que caminar diez centímetros en dirección contraria es un error garrafal, pues luego hay que desandar lo andado. Me di cuenta de que no había dirección incorrecta, que toda dirección errónea es una dirección correcta en la medida en la que te va a llevar a reorientarte en otros caminos para llegar a la meta. Pero entonces supe que no había siquiera meta, que no es que “a veces no haga falta buscar nada”, sino que es precisamente cuando no se busca nada, cuando se encuentra lo que ya no se estaba buscando. Pero para ello hay que haberlo querido buscar y haberlo buscado en algún periodo de tiempo anterior al que se ha dejado de buscar. Si no, no se puede tener la sensación de haberlo encontrado ni de estar en la dirección correcta.
Me fui al día siguiente, de noche, a pasear por la Gran Vía. Y entonces vi todas esas luces de semáforos en línea y de farolas nocturnas, unas al lado de las otras, en una fila interminable que llegaba hasta donde mi vista no alcanzaba a ver. Fuese hacia al este o hacia el oeste, siempre podía sentir que ese era el camino correcto, aunque mi casa esté hacia el oeste. No se me ocurrió ningún personaje en el que encuadrar todas esas ideas. No podía ser un personaje plano y había de ser un muy vivido, muy curtido y sobre todo muy feliz. ¿Cómo voy a crear semejante personaje, si solo sé hacer personajes planos o personajes infelices? ¿Hay alguien en la dirección correcta? «¿Hay alguien, al fin y al cabo, que no esté buscando nada? ¿Buscar es saber que ya no se busca cuando lo has encontrado? ¿Puedo dejar de buscar para encontrar esto ya? ¿Si ya no estoy buscando por qué no estoy encontrando? ¿Qué busco pensando esto?» Al final, no pude cuajar ningún personaje. Quizá el personaje me estaba intentando cuajar a mí. Pensé: «Esta es la dirección correcta».

Mei




1 comentario :

  1. Gracias! Jeje pensaba que la frase que te dije la ibas a redactar mejor ya que ahora está algo fea.
    El pseudo-cuento me ha gustado mucho. Me imaginaba un cuento en que la moraleja fuese la frase, pero es la gracia de pedir algo de este índole, que todas las soluciones son válidas! Un abrazo!

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