sábado, 14 de mayo de 2011

Mi alephissant


(CUENTO A DOMICILIO)



Mi alephissant

Al que me ofreció ese croissant hace tanto tiempo (perdóname por el final).
Por fin lo he digerido y puedo contarlo,
contártelo a ti; contárselo a todos:

Te habías comprado un croissant de chocolate. Los brazos del croissant no tenían chocolate, sólo el centro —así son los panaderos—. Los croissants no tienen ombligo, ojalá lo tuviesen. No sabía si ibas a compartirlo, al fin de cuentas te lo habías pagado tú y yo te había dicho que no quería. Pero los croissanes son tan crujientes… y tan deliciosos…
Te acercaste mucho. Me ofreciste parte de tu croissant. Y mira que sé que siempre se ofrece por compromiso y por cortesía, pero ¿quién rechazaría semejante oportunidad? Ese sabroso croissant… Ese goloso chocolate que se iba a deshacer en mi boca… pero no, no quería hacerme ilusiones. Quizá me ibas a dar uno de los brazos del croissant… y eso era mucho.

“¿Quieres?” “Sí”. Lo recuerdo como si estuviese pasando ahora mismo. Te acercas más todavía y me ofreces, delante de mis labios, el centro del croissant, la mejor parte de esa pasta tan gustosa... Y de repente el croissant se abre y dentro veo el universo contenido en sí mismo, contenido en el croissant y contenido en ti mismo. Lo veo todo, lo pienso todo, ¡lo puedo pensar todo! Imagino lo que no puedo imaginar, veo todo lo que el hombre no ha podido ver, y todo lo pre-siento simultáneamente. El tiempo lineal se pierde, se convierte en el absoluto o en la nada, no sé cómo decirlo. Y oigo todas esas canciones, y siento todas las sensaciones que todas aquellas canciones trajeron consigo… Y pienso en lo triste que es el hombre, siempre sabiente de todo lo que no puede saber… Y se me ocurren todos los versos que escribiré, y reinvento con lo nuevo todo lo malo que ya había escrito. En una millonésima de segundo soy capaz de todo, porque el universo en realidad está encerrado dentro de mi cuerpo… ¡Lo sabía! ¡Lo sabía!
Pero caigo en la cuenta. ¿Para qué quiero aprehender yo el universo, si nunca va a ser mío? ¿Para qué quiero yo captar la eternidad, si es más efímera que tus ojos? Si estás tú, croissant, tan dulce y allí abierto ante mí… Si estás tú, más dulce todavía, con tus ojos, ofreciéndome ese croissant que es el universo.
No despierto, no vuelvo a la realidad, porque esto no es un sueño. Me ofreciste parte de tu croissant, sí, y yo pensé que era un acto generoso o por lo menos cortés, pero no; tu croissant se me comió el alma.



2 comentarios :

  1. Alaaaaaaaa tiaaa me encantaa!! Es super sencillo, super diferente, super creativo y a la vez lo dices todo y no dices nada. Me encantaaa!! :)

    Merche

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  2. Interesante.. No hay palabras para describirlo, pero muy bien expresado. El Anónimo que firma como Merche al final tiene razón.

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