domingo, 6 de marzo de 2011

Paseo con Marciano




Como ha sido carnaval, el cuento viene tarde y a tono con las fiestas.




Esta noche he salido a pasear. Día cansado y sueño batido que no me deja siquiera dormitar por las noches. He caminado poco, hasta llegar a la plaza Catalunya, y ahí me he encontrado a un marciano con una sandía. ¡Me ha hecho una ilusión! Ha compartido media sandía conmigo, y eso que no nos habíamos visto antes. La sandía era de las divertidas, de las que no tienen pepitas; estaba riquísima, pero no sé de donde la habrá sacado ahora que estamos a finales de febrero.

El Marciano, además, es amigo de Dedal, colega que me ha presentado y que dicen que es perfecto pero que está cansado de que le claven agujas, y es que resulta que no entiende por qué se ha de pinchar él y no se han de pinchar los dedos del que decide coser.

Me han contado miles y miles de cosas hasta que hemos visto a una pelota rodando por la plaza. La bola, que era rojiza amarillenta y tenía pintada una P que al dar vueltas parecía la sonrisa de un emoticono sacando la lengua, se ha ido deslizando hasta la alcantarilla y se ha caído dentro. Se ve que dentro, según nos ha dicho la Pelota, se ha encontrado con Dedal, que se había ya desaparecido de nuestra conversación, la del marciano y yo, y se ve que se han ido juntos de viaje, de viaje a una estrella.

Lo que pasa es que luego ha llegado Estrella y nos ha desmentido esto del viaje, porque resulta que ella estaba llorando porque se había hecho un morado mientras recitaba el abecedario en el armario, recitando casi como si cantase a Homero, aquél del que poco nos acordamos los jóvenes de nuestro siglo pero que ha quedado tan mitificado dando vueltas por el aire.

La Estrella al final se ha ido con el Dedal y con la Pelota, no sé a dónde, la verdad, y ha llegado una tortuga. Una Tortuga muy curiosa, porque tenía el pelo ondulado, y todos sabemos que las tortugas tienen el pelo liso, pero en fin, que se ha ido enseguida porque tenía que irse a Dinamarca, donde hay un peluquero andaluz que le va a cortar el pelo, para volver a ser una tortuga normal.
Como ya no quedaba sandía, después de tanto ir y venir de gente, el marciano me ha dicho que podía conseguir otra, pero que no la tendría hasta la semana que viene, y que si me apetecía que fuese el domingo que viene otra vez a la plaza, justo al centro de la plaza, que él vendría con dos medias sandías, una para él y una para mí. ¡Qué majo es, por favor!



Mei

2 comentarios :

  1. Wooo, qué cuento tan raro para ti :O Es simpático el marcianito :D

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  2. interesante metáfora.

    y muy interesante blog!
    me gusta ese juegos de palabras, busca - rebusca
    hechos y des-hechos. " hiperestesia ajena; interrogante arrogante,interrogado enamorado."
    como un antónimo-sinonimo.

    Me encantan muchas frases que creas por ejm.."Miles de reojos de las serpientes que se enroscan a los cuellos en invierno"

    y muchas frases tuyas que componen tus poemas me suenan a Haikus. Lo cual es bueno y a mi me encantan.

    aunq aveces el juego de palabras me ha hecho perder el hilo de lo que en un principio estaba leyendo. Y he tenido que releer algunos.

    Pero todo lo demas me suena a poesia elegante de copa de vino en mano, de mujer embriagada sin perder su finura.

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