sábado, 6 de noviembre de 2010

Magia

(Cuento a domicilio)


El niño tiene una varita en la mano, una varita que le va a servir para hacer desaparecer la bolita que hay dentro de un pequeño cubilete que ha colocado boca abajo. Y está boca abajo y no boca arriba porque la magia que va a suceder en unos segundos no ha de estar más que encerrada en un universo oscuro que nadie puede ver ni contemplar, solo intuir.

Plic. ... Plic... Plic... tres golpecitos breves pero contundentes desplazan casi tres milímetros el cubilete de color verde chillón... Levanta y mira; vuelve a intentarlo: plic, plic, plic... esta vez entre golpe y golpe ha corrido menos el tiempo. Tampoco sucede nada, porque la bolita que había dentro del cubilete sigue ahí, inmutable. No ocurre absolutamente nada, tan solo la mano de un niño ha golpeado un cubilete con una pequeña vara negra de juguete.


"Quizá si dices algunas palabras mágicas funciona", le dice la niña que juega con él a fabricar magias de críos. Y el niño, inocente como ella, prueba otra vez con su pliqui-plic a dar los tres golpecitos mágicos, en esta ocasión acompañándolos de palabras eternamente mágicas: "Abra plic cadabra plic pata plic de cabra plic". Esta vez el niño y la niña presienten que es la definitiva. Esperan unos segundos. El niño suelta la varita mágica en el suelo y levanta el cubilete mágico. La pequeña bolita sigue ahí y se mueve lentamente saliéndose del círculo oscuro desde el que había estado escuchando golpes y ridículas palabras.

No entienden qué ha podido pasar. Los tres golpecitos no funcionan y acompañados estos de palabras mágicas tampoco. Doble magia no funciona para un acto tan trivial como hacer desaparecer una bola. Piensan en qué pueden hacer y deciden que esta vez cambiarán las palabras, porque quizás elabracadabrapatadecabra está anticuado. El niño vuelve a coger la varita mágica del suelo y empieza el ritual: "Magia plic potagia plic..." Pero nada, no sucede nada. Cada vez están más desconcertados, pero no se asoma ni un dejo de tristeza en sus semblantes; sienten la curiosidad de saber por qué no funciona hoy la magia. "Prueba a decir "por el arte de birlibirloque". Y lo prueba. Pero tampoco resulta nada. Quizá con el simple "por el arte de encantamiento" la bolita desaparezca de una dichosa vez... Pero tampoco funciona.

El niño y la niña se dan cuenta entonces de que el problema no son las palabras mágicas. ¡El problema es el gorro! ¡Que pensaban que era mágico, pero no, resulta que no es de mago! porque se han fijado bien y no hace juego con la capa, que seguro que sí es mágica porque lleva un símbolo que ellos no saben que significa pero que parece una bruja del revés. Así que a buscar un nuevo gorro. Tardan un buen rato en hacerse con uno que de verdad sea de mago, de los que tienen dentro conejos y zanahorias y mundos paralelos que nosotros desconocemos. Cuando ya encuentran un sombrero de copa negro mágico, el niño se lo pone y siente un dulcísimo y pequeño escalofrío de miedo mientras se pregunta por qué, si del sombrero se pueden sacar y meter conejos, no iba el sombrero a chuclarle a él y se iba a perder en un mundo mágico, misterioso y peligroso, en el mundo de gnosis, sin protección ni seguridad...pero eso no va a suceder y casi al instante olvida ese pensamiento atroz y ese leve escalofrío, porque el impulso de hacer desaparecer la bola es mayor que el miedo que pueda darle un largo sombrero de copa. Vuelve entonces a picar en el cubilete con la varita mágica plic plic plicmientras va diciendo abracadabrapatadecabra. "Ahora sí", la niña levanta el cubilete. La bolita sigue ahí. Estúpida bolita.

"Ahora no ha ido porque lo has levantado tú y lo tiene que hacer el mago". Los niños no saben que saben perfectamente que los factores que harán desaparecer la bolita o cualesquiera que sean el conjunto de factores que crearán cualquier tipo de magia deben darse a la perfección y que no existe margen de error, que por un simple fallo todo se va a la pocilga. Esta vez todo va a estar correctamente, la bolita desaparecerá porque todo está preparado: el cubilete, la bolita, la varita mágica, los tres golpecitos, las palabras mágicas con una entonación infantil y espectacular, el sombrero de copa mágico, la capa con el símbolo de la bruja al revés, que todo el proceso de los golpecitos, palabras y demás lo haga una sola persona.

Así lo hacen. El proceso se da a la perfección. La bolita empieza a temblar, sabe que va a desaparecer en unos segundos, lo ha estado oyendo todo desde dentro del cubilete y la claustrofobia da lugar a la desaparecerefobia. Ve un pequeño rayo de luz que entra por el suelo, el cubilete empieza a levantarse muy despacio, arriba, arriba, muy despacio, muy despacio, hasta que la luz le da en todo el cuerpo. Y... ¡flas! Desaparece.


Ah, no. Perdón. No desaparece. ¡Qué va a desaparecer! Si acaso desaparecen ellos. Pero en fin, que empiezan a comprender que esa bolita va a seguir ahí para siempre. Que van a tener que portarla con ellos de por vida, que la magia no está ya en esa bolita. Pero no saben bien bien qué pensar, hasta que llega alguien y les pregunta con una leve mueca en las comisuras "¿créeis que existe la magia?". Y ellos no saben qué responderle. Murmuran un poco entre ellos hasta que la joven se sienta con ellos, coge la bolita de debajo del cubilete sin que nadie se fije, se la esconde en la mano. Pasan cinco segundos en un silencio roto, los niños expectantes. Los mira a los ojos, primero al niño, después a la niña. Y dice "tatatachán". Levanta el puño cerrado cincuenta centímetros del suelo y poniéndolo boca abajo, todavía cerrado, repite: "tatatachán". Abre el puño. La bolita cae y del golpe con el suelo se eleva un poquito, pero muy poco, porque es de algodón, pero esto los niños no lo perciben, ellos sólo ven la bolita en el suelo. "¡Guala! ¿Cómo lo has hecho?"

"La única manera de que la bolita desapareciese era que el mago la moviese de sitio, chicos".


Mei Manzanero






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1 comentario :

  1. No me ha gustado, luego te explico mis motivos.

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