sábado, 30 de octubre de 2010

Rebuscada y pedante caricatura lingüística de mi familia (III)

(Cuento a domicilio)


A mi familia,

al hogar

donde me han dado la mejor cama

y los dos mejores diccionarios

que tendré en toda la vida:


Para terminar, a todos los que conformamos mi familia nos gusta la lengua, aunque sea por distintos motivos y con usos a veces dispares. Conectamos con el idiolecto de los demás miembros y, entre todos, formamos un familiolecto, constituido por unos rasgos particulares, sobre todo semánticos.

¿El primer ejemplo? Llamarle capó al maletero y, en consecuencia, llamar al capó o bien capó de delante o bien capó a secas, asimilando que ese último capó tiene dos acepciones diferenciadas. ¿Otro ejemplo? Pues uno muy parecido al del capó, el del comedor porque comedor llamamos al salón donde tenemos la tele y el sofá y no al lugar donde comemos. ¿Un tercer ejemplo? Pues busquémoslo en el uso casi misterioso de pingarse, que combina muchas de las acepciones que da el diccionario, porque nosotros decimos ¡No te pingues! cuando alguien se asoma a la barandilla y no queremos decir ni que no se incline, ni exactamente que no se cuelgue ni se penda, ni que no gotee, ni que no brinque ni salte, ni que su vestido tenga un lado más largo que el otro; o bien queremos decirlo todo o bien nos hemos inventado esta nueva palabra, palabra que a veces puede provocarnos conflictos lingüísticos y sociales por su acepción coloquial guarrindonga. ¿Queréis otro ejemplo? Tendréis que venir de visita.


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1 comentario :

  1. Creo que esta parte es demasiado corta. Imaginaba un último capitulo más explicativo. De todas maneras, el cuento en general es uno de los mejores que has escrito en este blog. ¡Te felicito! =)

    Un beso, Mei :)

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