martes, 20 de julio de 2010

Priscila Lorazanes (VII)


Voy a dejar al personaje en el aire, pero feliz.




Hola cariño.

Ahora soy feliz. Ha hecho falta que ya no pueda mover las piernas para ser feliz. Y precisamente, yo que era tan activa, he encontrado la felicidad en el mayor estaticismo. Siento que reposo, que descanso, y en el descansar he encontrado mi bienestar.

Han pasado diez años desde que te invité a que me dejaras sola. Lo lamento por ti. Ahora podrías ser tan feliz como yo. La silla de ruedas me ha dado más de lo que me ha quitado. Y yo que cuando sucedió aquello me vi viviendo para siempre en un pozo muy hondo lleno de suciedades… Le he dado a la vida mil vueltas, mil vueltas con las ruedas de mi silla.

Sé que tú no lograste tus sueños. Yo sí. Lamento que al final consideres que tu lucha fue en balde. Yo creo que no y tú también lo pensabas, la lucha valía la pena, tanto como el cumplimiento del objetivo. No estás viviendo tu sueño, no. Supongo que es difícil, muy difícil, vivir viendo tus sueños en el contenedor de la esquina.

Me he casado. Sentada, pero me he casado. Mi novio también estaba sentado. A él también le cuesta un poco levantarse. Somos felices. Es él quien ha contribuido tanto a mi felicidad, sobre todo porque me ha abierto nuevos espacios, he descubierto nuevas realidades que me hacen comprender todo mucho más allá de cómo comprendía antes.

Ya no vivo para esa necesidad de querer más. Ya no necesito mis piernas, no deseo lo que no tengo. Mi lucha es mantener mi sueño, un sueño que me descubrió a mí en vez de yo a él. No vivo con la esperanza de encontrar la felicidad, ni tampoco con el miedo de no ser feliz… ¿te acuerdas? ¡Qué jóvenes éramos! No necesito esperanza, mis sueños están conmigo.

¡Quién me iba a decir a mí que la felicidad estaba en una silla de ruedas! La gracia es que llegué hasta la silla buscando la felicidad, yendo a por mi sueño. Es un poco paradójico que me hubiese equivocado en el camino. No es que tomara el callejón de la derecha en vez del de la izquierda, es que iba hacia atrás. Ahora estoy quieta, ¡y tan quieta!, pero mira qué humor.

Espero que encuentres la luz que todos llevamos dentro.

Siempre tuya, de lejos.

Priscila Lorazanes

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