martes, 20 de julio de 2010

El dedo pequeño del pie en las sandalias


A menudo, los diseñadores de sandalias no tienen en cuenta el dedo pequeño del pie. Creo que nunca se le ha hecho demasiado caso, al pobre. La verdad es que no es muy útil. Los demás dedos tampoco, pero hay quien los suele usar para agarrar objetos, así no hay que agacharse. En los tiempos que corren, agacharse es un esfuerzo muchas veces inútil, nos cansa porque ya estamos cansados y, si arqueamos la espalda hacia abajo luego nos duele.

Los diseñadores de sandalias no deben de tener en cuenta el dedo pequeño y ni siquiera la forma del pie. Será porque ellos tienen el dedito en línea con los demás, pero hay muchos que no, que llevan el pobre dedo aplastado por la cinta del zapato, allí, ahogándose, casi gritando pidiendo ayuda, pero es que no tiene voz para chillar. Sólo hace falta echar un vistazo a las pezuñas de la gente en el metro. Es increíble cómo lo arregladas que uno lleva las uñas de los pies nos dice tanto de su persona. No nos dice su nombre, pero nos dice lo descuidado o lo pulido que es. Curioso, ¿eh? ¿Nos damos una vuelta con nuestros ojos por el suelo del metro?

Mira esas dos mujeres. La una lleva la pedicura francesa. Uñas pintadas de brillo incolor y media luna de color blanco en el borde libre de la uña, y ese blanco ha de ser blanco francés y etc. La chica de al lado solo las lleva limpias. Las dos llevan chanclas. El hombre que está sentado al lado de la puerta lleva unas chanclas que le tapan el dedo pequeño del pie. Lo que os decía. Sus otras cuatro uñas están sucias, quizás estando limpias no serían tan feas. En frente de él esa mujer. A ojo, medio siglo de edad. Uñas rojas, rojo vivo. Parece una mujer cruel, sí, sólo por el color de sus uñas. Lleva el bolso a juego. ¡Qué graciosa es!

¿Y yo? ¿Cómo llevo yo las uñas de los pies? Pues como una artista descuidada. No, como una adolescente descuidada. Pintadas de color púrpura. A veces se ve muy oscuro, es porque le he dado casi dos manos de esmalte; a veces se ve muy clarito. Pero el color va desapareciendo. Se ve la línea blanca, casi grisácea. Por debajo ya crece el rosa clarito. ¿Y el dedo pequeño del pie? No me voy a olvidar de él, ahora que estoy escribiendo esta conmemoración de él. Su uña está casi sin pintar, por algún motivo que me es desconocido es de la que primera ha desaparecido el esmalte. Voy a hacerle un favor, voy a dejarle libre de color, así podrá ser del color que le dé la gana. Quitaesmalte. Olor fuerte. Algodón. Adiós, púrpura.

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