viernes, 25 de junio de 2010

Arroyo


El centellear del sonido de la fuente

produce ecos que se pierden en neblinas de sueño

y de hastío;

no hay fuente, ni jardines,

no hay niebla, ni aire, ni almas;

el aroma del viento ha dado paso a una enfangada realidad de humo;

no queda humor,

sólo un bufo cantando en el nuevo mundo

del sarcasmo inconexo.


Una risa ahogada grita desde lo más hondo del hígado.

Contemplar el camino y llevar los pies arrastrando,

atados a la correa de la duda.


Y tirarse al fin al arroyo;

y no hay ya la margen del río,

bien se ha ido diluyendo.

Está seco y reseco.



[Recorte de una foto de Aroha Llanos]


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