jueves, 20 de mayo de 2010

A las seis menos cuarto de la tarde...

El perro aullaba al techo
a las cinco menos cinco de la tarde.

El cielo abría su dulzura lejano,
empezaban las sirenas de los mares
a bailar con los colores de los peces.
El cielo abría su dulzura cercado.

Y sólo a las cinco menos cuatro de la tarde..

Catorce de abril del dos mil siete;
mi pecho respira fuertemente
y la gran fuerza de los suspiros
mueve tu cabeza suavemente.

A las cinco menos cuatro minutos de la tarde...

Con el estómago bien vacío
y el alma tan y tan fresca y llena,
tu cabeza reposa cansada
en mi cálido pecho.

A las cinco menos tres de la tarde
abatía yo tus oídos
con palabras amargas.
Nos dormimos; yo con la palabra en los labios
y tú con ella en los oídos.

El mismo respiro y la misma cabeza,
el mismo pecho y el mismo cielo,
las mismas almas sedientas e inquietas,
suaves, pero amargas, aunque felices.

Como a las cinco menos dos de la tarde...

Igual que al conseguir despertarnos
por habernos dormido a las cinco
menos un minuto de la tarde
con las tripas de hambre gritando.

A las seis menos cuarto de la tarde...

A las seis en punto de la tarde
sonaban las alejadas campanas;
marcaron nuestra hora de comer
y sellaron la hora de amarnos.

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