domingo, 18 de abril de 2010

Poca mujer.

Ea, vamos a coger un tono más coloquial.
¡Salud!

Poca mujer. Eso soy, poco mujer.

Resulta que ha llegado junio y claro, he ido a la playa. Si es que hace calor, pues claro, la gente te arrastra allí, delante del mar con todo el solaco dándote en la cara, quemándote la nariz, con las gentes metiendo los pies en el agua, con los más atrevidos corriendo hacia esta con la cabeza entre los brazos... Y bueno, resulta que he ido a la playa y no me he depilado. No entiendo bien bien por qué tenía que hacerlo ni para qué, si ir a la playa no es ningún acto formal. ¿Un hombre se afeita la barba para salir a la calle? No tiene por qué. Pero sí se afeita para ir a una entrevista de trabajo (o almenos se la recorta). Pues yo lo mismo, pero con mis piernas.

Pero no os adelantéis, no creáis que soy poco mujer por eso. No, no, aún hay más: ¡nunca me he puesto las uñas de porcelana! ¡Jamás! Algunos dicen que es femenino hacerlo, yo digo que intentar imitar a una muñeca no es ser mujer, es ser muñeca. La cuestión es que me he enterado que vale como 5000 de las pesetas ponerse esas cosas incómodas encima de las uñas de verdad. ¡Dios!, ¿hasta dónde íbamos a llegar?, ¡que ahora hay uñas de verdad y uñas de mentira! Ahora de todo tenemos de mentira: muñecas que vestir en internet (por lo que me han contado también se les puede introducir un aparato de esos de plástico con forma fálica (un miembro viril de mentira, otra cosa que tenemos también de mentira); una mascota que hace carreras, también en internet; un aldeano que recoge oro, en el ordenador; una historia contada a través de la televisión… Pero, ¡paremos!. ¡paremos!, no nos vayamos a marear al ver una lista interminable de mentiras. Porque además, alguien me dirá: "a ti que te gusta leer, ¿esos libros no son una mentira?" Y no, no, no, eso sí que no. Son ficción, pero no mentira. La diferencia entre la muñeca de internet y el libro que yo leo es que la muñeca de internet es una sustitución de la muñeca de verdad, es decir, tiene un referente real que puedes tocar, pero el libro no, el libro es una historia que alguien nos cuenta, es la expresión de la expresividad, es un mensaje. Y sí sí, yo puedo coger un burro, ponerme encima, y acompañar a un idealista a sus aventuras; podría hacerlo, pero entonces haría una mentira del libro.

El caso, que sigo hablándoos de esto que contaba, que soy poco mujer, según dicen. No sólo porque no me he depilado para ir a la playa o porque no sé ni cómo son las uñas de porcelana, también porque no llevo… …¡faldas cortas en verano! Y no es que prefiera pasar calor, no, no, no, es tan simple como que resulta desagradable que un hombre intente mirarte las bragas cuando bajas las escaleras del metro. Hay a quienes les gusta, se sienten deseadas, depende de la vida sentimental que lleves y de quién más te desee: si nadie te desea, que un burdo hombretón te mire con lascivia por la calle puede resultar hasta bonito, pero... si ya tienes a tu media naranjita, casi sientes asco cada vez que te hablan a los pechos y no pueden escucharte porque tienen una voz en la cabeza que les dice “no le mires las tetas, no se las mires, no se las mires, espérate que mire para otro lado”, si es que la tienen.

Resulta que como poco mujer que soy, odio todo ese estereotipo de mujer de fotografía publicitaria del siglo XXI. Sí, la "Dove" ha puesto mujeres normales en sus anuncios. Sí ya, pero siguen estando mucho más buenas que yo, y mira que tengo 18 años, que dicen que es la edad de ser bonita, delicada y de estar buenorra, pero nada, las de la "Dove" son mujeres que llegan a los treinta y no tienen tripita. Impresionante. Pues muy bien. Allá el mundo. A mí me da igual, porque de momento la tripita no molesta para nada.


¿Y qué más?, que por segunda vez empieza a írseme el tema por las ramas. Aaaah sí, que no me gusta que los hombres me miren y estén deseando meterse en mi entrepecho (por ser sutil). Que si tengo camisetas escotadas es porque la mayoría ya son así, que yo no compro ropa, que a mi me la dan porque la gente cada nueva temporada se compra medio armario nuevo y me da el anterior. Cosas del consumismo ¡Menudos es y menudos son! Consumiendo ropa temporada por temporada, como si no tuvieran suficiente con la ropa que compraron la estación pasada. Pero ya pasa, ya; sensación de satisfacción al consumir ropa nueva y usarla. Las camisetas nuevas, a medida que van pasando los meses, pierden el aroma y la gracia del principio y parece que se estropean a la vista del consumidor. La gracia del asunto es que yo hace años que no voy a comprarme vestuario expresamente.

Lo peor de todo es que cuando recibes su ropa en una bolsa de basura, muy perfumada y con olor a … tardaría un rato en encontrar el nombre de una colonia cara…, a veces te dicen algo como "no, no, si a mi esta ropa todavía me vale, lo que..." pensando que están quedando bien. ¡Pues no! Están quedando como el mismísimo infierno, como el malo de la película que al principio se nos presenta como bueno. Son el derrochón general que da su ropa porque ya no le gusta, o porque “¡aiish, es que la moda cambia cada temporada!” Ahora de blanco, ahora de negro, ahora de leopardo, ahora con tejanos clásicos, ahora acampanados. Si es que hay que ver, una cosa son las modas culturales, las que duran décadas: "ahora diez años de pantalones acampanados, y ahora diez de tubo" y la otra son las modas de temporada, las de la revista, que hacen que la gente cambie del blanco al negro y del negro al leopardo cada vez que yo me cambio de bragas (cada día, obvio).

Y bueno, os podría hablar de cuánto odio que un mismo producto se venda con el nombre de una marca carísima y con el de una que sólo conocemos los que lo consumimos, que se discutan estupideces, que la ebriedad evoque a la filosofía pero la sobriedad no, ETC., pero será en otra ocasión.

Ya sabéis, al final siempre tengo que decir que normalmente escribo sobre corazones, amores infinitos y cosas preciosas y bonitas, pacotilla de literatura barata, de esa que se escribe en las grandes urbes cuando se sueña en lugares recónditos mejores, porque aquí es imposible, el humo de los autobuses nos ha inundado el cerebro de mierda y nos hemos quedado como atontados. Que ya no sabemos que responder a las preguntas más simples y, lo que nos faltaba, de las complejas nos escabullimos. Que no sabemos en qué emplear el tiempo, que tenemos cibermascota, cibercorreo, ciberamigos, cibernovios, cibersexo, cibercontactohumano, ciberliteratura, cibercultura y sólo nos falta, ahora que llega el verano, el ciberventilador.


1 comentario :

  1. Se nota la mala leche, tendré que dejar las criticas para otro texto. jejeje

    ResponderEliminar

Otros adomiciliados han visitado esta semana...