viernes, 12 de marzo de 2010

Eros y Psique



Eros y Psique


Eros, dios del deseo y del amor trabajaba como francotirador en una feria mundial que se celebraba a partir de mediados de junio y que duraba hasta finales de abril. Allí, sus perdigones apretaban la piel de tal manera que uno se sentía enamorado de repente. La víctima notaba un escalofrío en la nuca e ipso facto se acercaba a cualquiera que fuese su presa para mostrarle todo lo que podía llegar a dar por amor. Y es que a lo más grande y maravilloso que aspira el hombre es a enamorarse y a mostrar este gran sentimiento que nos invade tan pocas veces en nuestra existencia. A veces, sin embargo, le acogía a cualquiera un odio furibundo contra alguien en concreto, una antítesis de amor. Todo dependía del humor del hermosísimo Eros para tirar una flecha u otra.

Cuenta la leyenda que un día, en el bosque de Siriba, un búho le dio noticia a Cupido de la existencia de una muchacha tan bella como el crepúsculo de la puesta de sol en un día de primavera. En realidad, era más hermosa que todas las flores del mundo, más bonita que cualquier ser del planeta, incluso lo era más que la misma Blancanieves. A pesar de ser tan agraciada físicamente, era también una mujer caprichosa y bastante introvertida, un poco insociable y me atrevería a decir que algo necia. No se sabe si Eros quiso vengar a su progenitora Afrodita, -diosa del amor y de la belleza -, dado que al ser tan bella aquella dama había llegado a sentir una gran rabia y envidia, o si él realmente desde el inicio de la historia se había enamorado de ella.

Para conquistarla, fuese por la causa que fuese, construyó un palacio con sus manos. Ladrillo tras ladrillo y cemento tras cemento, con mucho esfuerzo lo hizo de la mejor manera que supo. Lo decoró él mismo: pintó unos cuadros casi tan bellos como ella, esculpió en mármol una copia del David de Donatello y trabajó tanto como pudo, pues se dice que el amor es dar aquello que no se tiene y él, a causa de su labor de creador de sentimientos, no tenía demasiado tiempo y lo dio sin poseerlo. Era un lugar majestuoso anticipado con un pórtico períptero encerrado por rosados claveles. La hierba del alrededor escondía un estanque de miel y se elevaba enganchándose con las enredaderas que acogían el palacio.

El padre de la mujer, el rey, había ido al oráculo para consultarle por qué su hija Psique, virgen todavía, no había podido ser casada a pesar de su gran belleza. Por orden del sabio, tuvieron que dejarla sobre una grandiosa roca de granito en el monte Túber y allí, esperando que un horrible esposo –del cual desconocían la identidad- llegara para celebrar la fiesta nupcial, la fuerte y veloz tramontana se llevó a la novia hasta un valle. En aquél lugar pudo sentirse diminuta ante aquel palacio que Eros había construido para ella.

Vivió allí.

Y bueno, todos saben cómo termina el mito...así que sazonen al gusto.

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