domingo, 7 de marzo de 2010

Camino atemporal





Por nadie y para nadie

En el balcón del noveno, se me hace como que, convertida en un Pin y Pon que vive dentro del cuadro de un pintor que no atina a reflejar la proporcionalidad, ando por la silueta fina y borrosa de la enorme serralada, saltando, cuando llega a su fin el camino, hacia otra montaña para seguir el recorrido ideal e incansable que me llevará a la mar. Y desde los ojos de Remi, aquel francesito que buscaba a su maman, veo el inexorable mar que nunca había podido ver y que sólo había olido gracias a una arenosa y vieja caracola que, colgada año tras año en el cordón negro y viejo del cuello, va perdiendo ya el plácido, inmune, suave y sabio sonido del Mediterráneo.

Y continúa mi camino, inmortalizando y dejando a la escondida y anónima posterioridad, otro niño que, feliz en un día de lluvia cándida y débil, bate sus mangas de adelante hacia detrás, como si en cualquier momento fuera a echarse a volar, y continúa mi camino, decía, pero esta vez ya no es sobre una silueta de montaña y, además, el niño se ve diminuto desde tan lejos, y luego se sube a un murillo, más tranquilo y olvidando esa alegría que rezumaba en su tez inocente e infantil al cruzar el paso de zebra, haciéndose ahora el acróbata equilibrista que practica la víspera antes de la función estrella sin que nadie lo vea, sólo que no es un hilo lo que atraviesa el joven ni está a muchos metros del suelo, sino que no es más que un pequeño muro en el que, a tan sólo medio metro del suelo, le caben tranquilamente los dos pies.

Y termina su andar de futuro equilibrista frustrado y saluda, más que a alguien, hacia un sitio, porque allí no hay nadie, sólo muy lejos una clase de Secundaria da vueltas al patio del colegio antes de fumarse un cigarrillo a escondidas en el vestuario al terminar la clase (jiji), y yo, sobre la silueta de las montañas, que estoy volviendo a empezar el recorrido eterno e incansable sobre la silueta fina y borrosa de la enorme serralada, saltando, cuando llega a su fin el camino, hacia otra montaña para seguir el recorrido ideal e incansable que me llevará a la mar...




2 comentarios :

  1. Me gusta la forma de empezar y de acabar, y no te rías de ese niño que menos lo de fumar me recuerda a mi de pequeño :D

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