domingo, 13 de diciembre de 2009

Últimas tardes con Teresa, de Juan Marsé


"Si antes de contar hasta diez no me he plantado delante de esa chica, me la corto y la tiro a los perros". Con el largo vaso en la mano, ya más seguro de sí -¿por qué le daba seguridad sostener aquel largo vaso color violeta?- se dirigió hacia la muchacha. (pág. 22)

Las estrellas se fundían apaciblemente como trozos de hielo en un vaso de campari olvidado en la hierba. (pág. 27)

Al abrir [los ojos] de nuevo no pudo evitar una mirada a los vasos que sostenía en las manos con el aire de quien mira la causa por la cual renuncia a estrangular al que tiene enfrente. pág 28)

Bailaron y se besaron en lo más húmedo y sombrío del jardín, inquietando a los pájaros, bajo un cielo rojizo que parecía palpitar entre las ramas de las acacias. El joven del Sur dejó de fingir, de repente las palabras de amor brotaban ardientes de sus labios, traspasadas, devoradas por la fiebre de la sinceridad: aun en las circunstancias en que por su temperamento intrigante y farolero se colocaba en el más alto grado de imprudencia, y por muy lejos que le llevaran su capacidad de mentira y su listeza, algo había en su corazón que le confería cierta curiosa concepción de sí mismo, su propio rango y su estatura espiritual, algo que le obligaba, en determinados momentos, a jugar limpio. Y aun sin quererlo, su boca había de acabar uniéndose a la de la muchacha con verdadera conciencia de realizar parte de un rito amoroso que requiere fe y cierta voluntad de entrega, cierto candor que aún se nutría de los sueños heroicos de la mocedad, y cuya pervivencia está más allá del pasatiempo y exige más dedicación, más fantasía y más valor del que desde luego hacían gala los más arrogantes pipiolos en esta verbena. (Pág. 32)

[...] parque Güell, cuyas verdes frondosidades y fantasías arquitectónicas de cuento de hadas mira con escepticismo por encima del hombro. (pág. 36)

el casco antiguo, un coágulo de sombras. (pág. 40)

Todos sois iguales, la primera chavala que os friega el jodido conejo por las narices os caza. (pág. 50)


La Lola nada pudo hacer por recuperarle. De nada sirvieron sus continuas llamadas de hembra rechazada y ahora sumisa que está empezando a comprender que el sexo masculino está hecho de una materia mucho más cándida, soñadora y romántica de lo que ella creía; algo oscuro y difícil adivinó, en efecto, viendo la infinita tristeza que de pronto velaba los ojos de su compañero, algo intuyó acerca del porqué la actividad erótica puede ser a veces no solamente ese perverso y animal frotamiento de epidermis, sino también un torturado intento de dar alguna forma palpable a ciertos sueños, a ciertas promesas de la vida. (pág. 53)


La embarcación, cuyos costados lamían las olas con lengüetazos largos y templados, se balanceaba suavemente. (pág. 55)

La hizo callar con un nuevo beso, esta vez suavísimo, un roce apenas, un abandonado y tierno beso de desagravio por el cual se afirma el propósito de enmienda de todos los pecados menos de aquel que se tiene intención de cometer inmediatamente. (pág. 58)

etc. etc...



JUAN MARSÉ: "Últimas tardes con teresa"


No hay comentarios :

Publicar un comentario

Otros adomiciliados han visitado esta semana...