martes, 1 de julio de 2008

Suspirando a la luna...


El árbol se dispara hacia arriba y sus ramas afiladas se intentan agarrar a la hierba fría. Sin caracoles. El mundo es una esfera sin centro, un bucle sin final. La luna no se arquea hoy para abastecer el planeta. Frívolamente, sin aparentemente manos, observa el universo en sí mismo. Puede conocerlo. Es magnífico, maravilloso, conectado entre sí con otros millones de universos, con otras por lo menos quinientas realidad.

No puedo ver la luna desde mi balcón -desde esos sucios barrotes negros-, mas la siento desde el corazón. Y se va, moribunda, entre las ramas de aquel roble encristalado, de aquel sueño olvidado de nostalgia enfundada en la infancia. Se ha escondido luego tras un horrible arbusto que no dejaba de gritar emitiendo un ruido insoportable, similar al del automóvil en la ciudad nocturna. Ha vuelto y me ha mirado. Quería cantarme una canción, sin embargo, como en todas las demás noches no lo ha hecho.

Antaño se agachaba y me miraba; y entonces yo la amaba. Le aullaba como un lobo que antes de medianoche había sido hombre; ella me respondía con sus cálidos ojos.

Pero el tiempo está hambriento y quiere devorarla. No se lo voy a permitir jamás. La quiero hacer mía sin poseerla, nada más que quiero sentirla, abrazarla, adorarla, sentir que de nuevo se arquea y me recoge de este mundo insustancial para sentarme en su regazo. Desde allí el mundo era fastidiosamente horrible, pero tan pequeño e insignificante que ni siquiera importaba su fealdad, su estupidez y su soberbia, ni siquiera la codicia, el rencor, la avaricia y la envidia de sus seres. Desde allí era el mundo tan diminuto y yo tan alta; sentía un vértigo semejante al que debe de sentir Dios cuando aburrido porque no dan nada en la tele divina, se sienta a observar cada paso que damos.

2 comentarios :

  1. Muy bonito Remei!
    Lo haces genial, sigue así niña.
    Saludos y mucha suerte con lo tuyo

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